Cuando yo tenía diez años y mi abuela paterna, la única que conocí, sesenta, me espetó un día que en su casa no quería ver curas, guardias civiles ni maricones. Ni que decir tiene, que era muy católica, amante del orden y muy comprensiva con las inclinaciones humanas, siempre que no le salpicaran. Y para más inri, fue la primera feminista que conocí, que conciliaba como nadie la vida laboral y familiar: crió sola once hijos, dirigió una empresa de transporte y ya en su vejez, mediante concesión municipal, un bar de carretera.
Nunca me pregunté ni le pregunté a cuento de que venía semejante exabrupto en una persona de sus convicciones. Con el tiempo averigüé, que tener cerca esa clase de personas perjudicaba bastante su patrimonio: los curas, por pedigüeños, siendo dadivosa, los guardias civiles, por preguntones, siendo respondona y los maricones, porque le daban pena.
Los paseantes del Frente Popular no se atrevieron a tocarle un pelo, cuando con un par de ovarios recogió a unas monjas, que los valientes homenajeados por la Ley de Memoria Histórica dejaron desnudas en la calle, a bastantes grados bajo cero, mientras le prendían fuego al convento. No me pregunten como lo hizo, porque nadie me lo dijo, pero conociéndola como la conocía, no me extrañaría nada, que acojonara con cuatro voces a la tropa miliciana.
La democracia reciente le pilló tomando café con sus amigos y comentando lo bien que hacía la espantada Curro Romero. En unos términos, que no quiero ni imaginar lo que hubiera dicho, si llega a enterarse de que la Casa Real pretende desdecir a la Reina de lo que bien dicho está.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 1 de Noviembre 2008 a las 12:13 AM Archivado en Relatos
Vemos un escenario donde la cultura europea, y todo lo que conlleva, está en peligro. La cultura occidental y sus valores están al borde de la desaparición. Si no ponemos remedio pronto, seremos exterminados en muy poco tiempo. Es irónico pensar que hay muchos europeos que desean este exterminio de cultura y forma de vida. Y me gustaría ver sus caras si algún día un yidahista obliga a sus hijas a vestir un burka (esto ha ocurrido en lugares como Afganistán o Irán. España, Europa entera, no sería una excepción). Seguro que no les hará mucha gracia.
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Necesitamos un cambio y juntos podemos hacerlo.
Menuda abuela la tuya, Carlos. Hace falta tener mucho valor para plantarle cara a esa chusma como lo hizo ella en la guerra.
Fue una mujer extraordinaria, en todos los sentidos. Como muchas otras que enviudaron en la época y sacaron adelante a sus hijos. No digo en la guerra, porque su esposo falleció en el año cuarenta.
¡Menuda abuela!, daría para el papel protagonista de una gran novela y luego de una película mucho más realista sobre la guerra civil, no esos bodrios infumables que no paran de sacar los directores progres y que todos pagamos aunque no los vea casi nadie.
La Reina del Transporte, la llamaban. Y desde luego era todo un personaje, muy, pero que muy adelantada a su tiempo, sin perder de vista los aconteceres de la época. Por otra parte, era agotador pretender ir a su ritmo, motivo por el que al final, no pudo contar con nadie para seguir adelante con sus proyectos.
No tengo más remedio que dar fé de cuanto ha contado Carlos J. Muñoz de Morales: su señora abuela, a la que conocí, y de lo que me honro, tenía un par, y perdón por la ordinariez.
Por cierto, la última vez que nos vimos, Carlos, pagué yo los cafés. Y soy muy rencoroso. Así que ya sabes....
Parroquias, los próximos los pago yo, cuando se tercie.
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