No hace falta que les diga la repulsa que me produce el aborto, tanto en la vertiente de la aplicación práctica de su despenalización en los tres supuestos de marras, como en lo que nos espera, si no se remedia, con el concurso de los sectores sociales más más “sensibilizados”: negociantes de la muerte, a la sazón, propietarios de clínicas abortistas, engrasadas con certificados todo a cien y feminazis furibundas, negadoras de su naturaleza.
Dicho lo anterior, el caso es que el pasado martes, Ignacio Arsuaga publicaba esta entrada, que concluye invitándonos a repartir globos a los diputados de la Nación.
Como no podía ser de otra forma, la dictadura proabortista zapaterina, habría de actuar en consecuencia, mandando a las fuerzas del orden contra todo lo que molestara a sus señorías ilustrísimas.
Y pasó lo que siempre pasa, cuando la policía tiene en el nivel político a cuatro fascistas paniaguados: que la emprendieron con una pacífica ciudadana portadora de un globo.
Bien es cierto que el globo no era de un niño inocente, pero tampoco tenía pinta de contener explosivo. Y para más señas, era del color que más le gusta a nuestro Eterno Adolescente, en continua pendencia con lo Sagrado: rojo.
No lo portaba una mujer furibunda y justiciera, con los ojos desencajados de odio, ni venía sujeto a un fusil amenazador. Lo portaba en sus manos dadoras de vida una mujer inteligente, trabajadora, buena y guapa. Todo a la vez. Nada que ver con el prototipo que se empeña en meternos por los ojos este gobierno de feminazis.
La portadora del globo no era otra persona que Gádor Joya Verde y los furgones policiales, siete, los mandó la dictadura zapaterina.
Desde Tiannamen, nunca se vio tal desproporción entre la mansedumbre del que protesta y los medios destinados a acallarla.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 26 de Noviembre 2008 a las 02:23 PM Archivado en Gobierno
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