Los fenecidos que merecen ser biografiados suministran la sustancia del género que para Carlyle era tanto como la Historia pues qué o que cosa es ella sino las biografías de cuanto hombre rasguña en su tiempo, tantas veces a su pesar, tan pocas satisfactoriamente. Pero, de todo punto sorprende comprobar cómo las vidas -post mortem- se clasifican en dos capillas de religiones antagónicas. Unos van de la mano de los ángeles, aureolados por el paso leve y bienaventurado de sus milagros y los de enfrente son cadáveres fusilados cada amanecer. Esta suerte rotunda que dirimen plumas gremiales es hoy, quizá, lance reiterativo como un tic tac que nunca se detiene. Como ahora, nunca los santuarios se iluminaron con cirios así de gregarios.
Gonzalo Torrente Ballester estaba en Paris en 1936, becado, y posiblemente no volvió a la ciudad luz hasta el día que Goebbels, en 1942, convocó a los escritores que quisieran formar parte de una asociación europea, cobijando a cuantos no repugnasen del autoritarismo fascista en boga. Cuando los clarines de la guerra española sonaron, Torrente no tardó demasiado en reintegrarse a Ferrol. Un miope de doce dioptrías y una cierta fotofobia no podía temer ser arrastrado a las trincheras. En este punto los biógrafos intentan liberarnos de prejuicios: Gonzalo, veinticinco años a la sazón, era galleguista de corazón y cargo; sin embargo, su padre y un juicioso cura amigo aconsejaron que la angustia, arreciada por la contemplación de los muertos en las cunetas se exorcizaba acercándose a una sede de Falange a enrolarse. Que su progenitor hubiese sido marino militar y que él mismo sintiera la misma vocación no tenían nada qué ver. Cosas inexplicables de aquel emergente régimen con una ‘promesa’ que hasta dos años después no publicaría su primera obra, ‘El viaje del joven Tobías’, y con sólo el currículo de haber sido colaborador de un jornal anarquista de Madrid hizo que del simple ‘aquí estoy’ saliese apresuradamente para Burgos. Los pretores que vigilaban la entrada del vivac del general lo acogieron como uno de los suyos y desde San Pablo no hubo caída con tanto estrépito y fortuna.
A la sombra de Dionisio Ridruejo, mentor y padrino, la obra de Torrente Ballester se desgrana bajo los luceros en gloriosa espera del nuevo amanecer. No poca cosa: antólogo, biógrafo y panegirista de José Antonio, al que incluye como prosista en su primera ‘Literatura Española Contemporánea’ y que delimita un espacio, la generación del 36, para todas las figuras de la España no exiliada: Vivanco, Rosales, Ridruejo, Laín, Tovar, Giménez Caballero… Otros frutos en la mochila, la animadversión hacia Ortega y Azaña y su feroz crítica al liberalismo. Dirán lo que quieran los muñidores de la memoria cincelada con herramientas hodiernas, pero Torrente mantuvo su vinculación con Arriba como crítico teatral hasta que otro viaje de signo contrario –el pecaminoso ‘contubernio’ en Munich- le puso frente al aparato. Por el camino, once hijos que no fueron suficientes para el premio a la natalidad de las letras. Un escritor menor, cuñado de Delibes, falangista también, Chuchi, le ganó; tuvo diecinueve.
Aparte de los traqueteos que el tranvía histórico nos depara, hay que valorar la inmensa categoría de Torrente Ballester como novelista y, otro tanto, el rigor del mejor crítico de nuestra literatura desde la guerra. Pero incluso el traqueteo, los ríos de sangre que fluyen del corazón al cerebro merecen los mismos derechos de ser otros cada cierto tiempo como las aguas de los ríos se recrean cada segundo. Son los cinceladores de la memoria los que moldean los días y los hechos al justiprecio del valor de hoy, en ese despreciable mercado de las honras. Los que dicen, desfachados, que del franquismo se alejó cuatro lustros antes y un siglo podrían añadir si les conviniese. Torrente Ballester es de esos seráficos seres acogidos en el más allá por la celestial corte y uno de los más laureados de la historia de las letras. Sí, pero ha sido fascista casi treinta años de su vida.
Goebbels, pelo castaño, frente anchísima, mirada honda y cojera indisimulable lo recibiría amablemente en el Paris ocupado. Con el escritor gallego la presencia y el desparpajo de Giménez Caballero siempre capaz de quitar solemnidad hasta al Juicio final. Las botas militares resonando en las escalinatas de los palacios parisinos invadían con su tableteo el nuevo aire de la vieja Europa a través de los bulevares parisinos que no conocieran la marcialidad teutona desde Bismarck. Este escenario filmicamente tan reiterado no era ficción para el joven Gonzalo y sí una realidad en la que vivió inmerso aquellos días. César Alonso de los Ríos le pregunta por el jerarca, el ministro de Propaganda más manipulador hasta la irrupción del burócrata Pepiño, y el autor de ‘La saga fuga’ contesta lacónicamente: “Acojonaba”.
Autor: Carlos Vilas Nogueira
Imagen: Batiburrillo
Escrito por Firmas invitadas en: 26 de Diciembre 2008 a las 01:48 PM Archivado en Firmas invitadas | Galicia
D. Carlos, muy bueno. Y está tan bien escrito que no lo entenderá ni ZP ni ninguno de sus ministros.
Es el sino de aquellos tiempos y la miseria íntima de siempre, dejando aparte la grandeza literaria.
Por cierto, al ínclito Picasso no le molestó la Gestapo en el París ocupado, y se pasó allí toda la ocupación siendo tan "comunista" como era y tan conocido.
Ya lo dijo Dalí en un telegrama que le escribe a Buñúel que decía así, y recordemos que eran íntimos amigos desde los tiempos de La Residencia de Estudiantes:
"Picasso es un gran español, yo también. Picasso es un gran artista, yo también. Picasso es muy camunista, yo tampoco".
CARLOS VILAS NOGUEIRA
Felicidades por esta semblanza extraordinaria de Gonzalo Torrente Ballester. Muy ajustada al traqueteo que los años y el tren/tranvía de la vida nos va dando a todos.
¿Fascista? Yo no me pronunciaré tan solemne y tajantemente. Él mismo define su estado de ánimo cuando César Alonso de los Ríos le sugiere hablar sobre Goebbels. "Acojonaba" responde Gonzalo.
Catedrático de Lengua y Literatura en la Universidad de Santiago hasta 1940 y posteriormente en otras Universidades españolas hasta que en 1947 se traslada a Madrid para colaborar periodísticamente como crítico teatral.
¿No sería más ajustado decir que Torrente Ballester, como otros muchos en aquellas fechas y en aquel ambiente se acercó al poder franquista en lugar de calificarle como fascista?
Ejerce una labor encomiable en Estados Unidos en donde permanece durante siete años como profesor de literatura española regresando a España, concretamente a Salamanca, impartiendo clases en un instituto de la ciudad.
Premio Cervantes de Literatura en 1985 y posteriormente, en 1988 Premio Planeta -al que no tengo mucho respeto- por su novela, que me permito recomendar, "Filomeno, a mi pesar"
Pero no podemos olvidar la ingente labor como relevante escritor de "Los gozos y las sombras", trilogía que inicia con "El señor llega" y continúa con "Donde da la vuelta el aire" y "La pascua triste" que le ocupa desde 1957 hasta 1962.
Otras obras de enorme envergadura y de difícil lectura son "La saga/fuga de J.B", "Fragmentos de Apocalipsis", "Las sombras recobradas" y una casi declaración de intenciones y pasado en "Yo no soy yo"
Por lo tanto, como Usted dice, "valoremos la inmensa categoría como novelista y como mejor crítico literario, de rigor, desde nuestra guerra"
Por eso, por toda su trayectoria literaria y de vida, no me permitiré asumir rigurosamente con Usted el carácter fascista de Gonzalo Torrente Ballester. Ni mucho menos!!
Agradezco sinceramente que me haya traído en estos días de serenidad la figura de este personaje al que mucho admiro y siempre respetaré.
Le saludo, muy cordialmente
Juan Robles
Una de las buenas cosas del blog es poder contestar los comentarios.
Sr. Juan Español, muchas gracias. Salvo que lo diga con ironía es muy halagador que lo encuentre bien escrito. Con ironía o sin, debí de darle un par de repasos, pero es mi defecto: la impaciencia.
Sr. Juan Robles, sabe Vd. más de Torrente que yo y envidio sus lecturas. No quise decir que Torrente fuese fascista, quise decir que se alineó con el ala falangista desde el primer momento y vivió toda la experiencia de posguerra sin que ninguna circunstancia le hiciese variar de postura. Por lo tanto en esta división de papeles, de buenos y malos, Torrente fue de los unos o de los otros integramente, por lo que es injusto que a algunos con menor compromiso se les haya condenado sin concederles el menor mérito ni literario ni humano.
Si los republicanos se agrupan, tal que literatos, en un bando, y en el otro están los de la otra orilla, Don Gonzalo ha sido tratado excepcionalmente, obviando su perfil ideológico a lo que han contribuído capillas interesadas en acercarlo a sus postulados, en la parte final de su vida. Pero si Ridruejo fue 'fascista', si Vivanco también lo fue, con el mismo rigor político Torrente sería 'fascista'.
Le entiendo perfectamente: "por dentro", temperalmente, T.B. no responde a un exaltado falangista, porque por encima de las ideologías era un hombre de letras. Pero no se trata de juzgar temperamentos sino la alineación clara, voluntaria e indisimulada. Prolongada en el tiempo y cercana al núcleo duro del régimen. No una chifladura juvenil ni una ventolada de un curso académico. No hay derecho, desde un punto de vista moral, a que la misma persona despache a Giménez Caballero tildándolo de escritor fascista y en Torrente se obvie el lado político de su biografía. Méritos literarios de cada cual, aparte.
Muy agradecido por su anotación.
No lo decía con ironía, saludos a todos.
CARLOS VILAS
Muy agradecido por sus explicaciones que concretan con toda claridad el posicionamiento falangista de Torrente Ballester y haciendo comparaciones con otras personalidades a las que se definió y trató como fascistas -Giménez Caballero- sería, es razonable que las inclinaciones de T.B. pudieran conceptuarse como fascistas.
Pero me permito hacer una cierta e importante diferenciación: Lo escrito y divulgado por uno y otro distancia, diferencia militancias entregadas y/o filosofías de vida entre ambas personalidades.
Finalmente, repito que en aquellos años y en aquella España tan cercana al pensamiento y simbología fascista debió ser muy difícil sobrevivir sin un claro acercamiento a falange, al ejército franquista y por lo tanto al modo de ser y actuar de los "vencedores". Era si o si, creo yo.
Su escrito denota un amplio conocimiento, no solo de T.B. sino de un profundo estudio de los quehaceres literarios y situación real del modo de desenvolverse en aquellos años inmediatos a la guerra incivil y brutal por ambos bandos.
Repito mi admiración por su colaboración que ojala tengamos más frecuentemente con nosotros.
Juan Robles
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