
El nacionalismo en el “charco amarillo” prosigue su desquiciamiento exponencial, la obcecación por el idioma “propio”, tema clave y posiblemente único para diferenciar a la región catalana del resto de España, de ahí el empeño nacionalista en potenciarlo, está convirtiendo a algunas personas que deberían mostrarse sensatas, dada su profesión pública, en este caso la de periodista, en verdaderos exaltados de la lengua. Uno de esos casos es el de Manel Cuyàs, colaborador del diario El Punt, de la emisora de radio RAC 1 y de la televisión autonómica TV3, un trío de medios controlados férreamente por Tripartito —bien mediante el presupuesto, bien mediante la subvención—, que se significan por su fobia a todo lo español —de lo contrario ni un duro— y por su apología continuada de un nacionalismo identitario cuyo santo y seña es el idioma de Pompeu Fabra.
Pues bien, este tal Manel Cuyás, que no deja de tener su “miajilla” de prestigio y sus seguidores entre las filas nacionatas, se plantó como señal de protesta ante la “Generalitat”, donde hubo una concentración para reprochar la actuación de los “mossos d’escuadra” en los altercados del caso Bolonia, y a preguntas de otro de sus colegas no pudo evitar que le surgiera el radicalismo y llegó a soltar barbaridades de este calibre: “Los mossos han de pegar incluso en catalán”. “Que peguen es grave, pero también que hablen todos en castellano”.
Dejando al margen lo de pegar, ¿alguien es capaz de aclararme dónde está la gravedad de que los mossos hablen en castellano? Lo pregunto, más que nada, porque el castellano es aún la lengua materna de la mayor parte de la población catalana —cifrada en poco más de la mitad—, que en el caso de la ciudad de Barcelona, donde se produjo el "cacao" de Bolonia, eleva considerablemente su uso. No hay más que tomar un día el metro, que es uno de los pocos ámbitos no sometidos aún a la imposición lingüística, y comprobar cómo se expresan sus ocupantes. Luego Cuyàs, por lo que se deduce, denigra en similar cuantía de lo que fue un claro exceso de violencia, la estopa repartida por los mossos, de lo que cualquier persona con algo de sentido común debería considerar normal, el uso del castellano.
Creo que esta gente, los nacionalistas, no se dan cuenta que el fanatismo acabará por llevarles a la tumba política y desterrarles para siempre del poder. No será hoy ni dentro de tres años, puesto que es demasiado asfixiante el Régimen que han creado y mucha la clientela que depende de las subvenciones que ellos reparten —por ejemplo esos tres medios donde colabora Cuyàs—, pero estoy convencido que a largo plazo crearán tal rechazo entre los ciudadanos, hartos de tanta arbitrariedad y liberticidio, que la apostasía a la religión nacionalista se generalizará y actuará en contra de estos perturbados. El clásico nos legó su vaticinio: “Un paso más allá del entusiasmo, y se cae en el fanatismo; otro paso más, y se llega a la locura”. Juraría que no pocos nacionalistas, entre los que cabe incluir a Cuyàs, cabalgan ya a horcajadas entre el fanatismo y la locura.
Escrito por Policronio en: 22 de Marzo 2009 a las 01:18 PM Archivado en Asuntos nacionalistas | Cataluña | Hitos
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