
Está hecho. Tras treinta años de asfixiante hegemonía nacionalista, tenemos Gobierno constitucionalista en el País Vasco. Los que creemos en la nación española como garante de nuestras libertades estamos de enhorabuena. Y es que se nos presenta una oportunidad histórica para que los principios y valores de nuestra Constitución rijan por fin en esa bella región de España.
Esa ilusión que se frustró por poco en 2001, cuando Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros, haciéndose eco del sobrecogedor 'Espíritu de Ermua' surgido tras el vil asesinato de Miguel Ángel Blanco, plantearon una alternativa constitucionalista con posibilidades de triunfo, se ha convertido ahora en gozosa realidad. A ellos, por mucho que haya quien desdeñe su hercúlea labor (entre ellos, por desgracia, el propio nuevo lehendakari), cabe agradecerles que allanaran un camino extremadamente difícil de transitar. Les corresponde una considerable parte del mérito.
Es momento también de rendir tributo, tal y como oportunamente han hecho Patxi López y Antonio Basagoiti en la sesión de investidura, a todas las víctimas del terrorismo etarra y a los cargos públicos del PP y del PSOE que dieron su vida por representar a España y la libertad. El sacrificio de estos héroes de la democracia debe ser indiscutible referencia de la acción del nuevo Ejecutivo vasco. Y a ellos hay que dedicarles esta indiscutible victoria de la causa constitucionalista.
El lehendakari López tiene por delante una labor especialmente azarosa: Desmantelar todo un régimen de nacionalismo obligatorio implantado por el PNV, incluida su extensa red clientelar tejida desde su omnímodo poder, va a ser tarea de titanes. Y sobre todo teniendo en cuenta que los nacionalistas, que se han apresurado a rechazar con muy malos modos su mano tendida, continúan gobernando en las diputaciones y en la mayoría de los ayuntamientos. Pero ahora al menos dispone de poderosos instrumentos para llevar a cabo la necesaria higiene. Y no debe vacilar para ponerse manos a la obra.
En líneas generales, y si descontamos su programa económico (socialista al fin y al cabo), el suyo fue un atinado discurso de investidura, ya que se centró en proponer soluciones al peor mal que aqueja al País Vasco: La falta de libertad, consecuencia de décadas de terror e imposición del pensamiento único nacionalista. Además, en la réplica, aunque sobraba su improcedente rechazo a la figura de Mayor Oreja (le guste o no, toda una referencia moral en la defensa de la Constitución), supo poner en su sitio a Ibarreche y Eguíbar, quienes, como buenos y genuinos peneuvistas, no reconocen más legitimidad que la derivada de sus delirios etnicistas.
Pero, tras unas palabras que han sonado francamente bien, es el momento de los hechos, ya que ahora toca afrontar el difícil cometido de gobernar. Confiemos en que don Francisco Javier 'Patxi' López no defraude las ilusiones y esperanzas que tenemos depositadas en él. Basta con que, lejos de seguir el ejemplo de sus compañeros de partido en Galicia, Baleares o Cataluña, sobre todo en materia de política lingüística, procure ser consecuente con los compromisos que ha adquirido en su investidura. Que así sea.
Texto: Pedro Moya, editor de Apuntes en Libertad
Escrito por Firmas invitadas en: 6 de Mayo 2009 a las 08:24 PM Archivado en Firmas invitadas | Vascongadas
Tengo una pregunta para usted: ¿Este endividuo se llama Patxi en el Registro Civil?
Nombre de "guerra", igual que Lenin, Stalin y tantos otros.
No celebramos quién ha ganado, sino quién ha perdido... Sólo romper el oligopolio establecido es positivo, lo que venga por añadidura bienvenido sea, pero no esperemos peras del olmo. En cuanto a la concepción de la función del gobierno no habrá grandes cambios.
'Pachi' o 'Patxi' es simplemente 'Paco' en vasco.
Se llame Francisco, Paco o Patxi sólo significa la degeneración creada en toerritorio Sioux a cargo del PNV, que hace al gentío disimular su apellido no vasco para no parecer extranjero.
Pero la noticia es excelente desde el momento que todos esos mierdecillas peneuveros que nos venian chuleando desde 1980 con sus arbitrariedades de todo género (imitando a los falangistas en que sólo los "adictos al Movimiento" pueden optar a plaza pública de médico, bombero o profesor) SE VAN A LA PUTA RUA.
Patxi no es de fiar, sobre todo viendo su trayectoria hasta el día de las elecciones; este tipo es el que trataba a María San Gil de manera despectiva y trataba mucho mejor a los batasunos.
Basagoiti dice 4 cosas de economía y ya todos se emocionan, cuando es el que con su silencio secundó la salida de Maria San Gil.
no creo en cambios tan repentinos, salvo conversiones tipo San Pablo...
saludos
Pedro, vaya por delante mis respetos hacia tu persona y lo que dices, que me parece encomiable y de mérito, y por supuesto entiendo lo que trasluce tu escrito (ÓJALA así fuera); mas en aras de la ecuanimidad y realidad creo que no será así.
Y me explico.
Lo que somos, lo que seamos y seremos es fruto de todo aquello que hayan hecho nuestros ancestros, y eso hay que tenerlo siempre presente, y nunca hay que olvidar el pasado.
Viene a cuento este comentario por el tal Francisco López, del cual parece que se ha olvidado que se sentaba con los malos hace muy poquito y que llamaba "hombres de paz" a autenticos asesinos; por ejemplo a Otegui, (ya se que lo dijo ZP, no seamos quisquillosos) el cual parece ser que se le ha tragado la tierra y que nunca ha existido, (Pluja a Diós que así sea).
El "Patxi" es un auténtico mentecato que ha mangoneado lo que ha querido y mas, apoyando a aquellos que le ha interesado a él y a su amo ZP en aras a mantenerse en el poder, no nos engañemos, y cuando ha llegado el momento cambia su discurso para erigirse en el Rey de la Taifa vascongada haciendo declaración de intenciones como el reconocimiento de las víctimas de ETA y la teatralidad de la mano tendida, (la derecha por cierto, aunque le queda la izquierda escondida) ¡¡Será cabrón!!, repito y que quede claro, ¡¡será cabrón!!, cuando hasta hace poco no quería saber nada de ellas. Ha sido un gran discurso, lo reconozco.
Se olvida muy pronto en este mundo la historia de antes de ayer, por ejemplo, su apoyo en el asunto de Navarra, al "hartomigas" Sanz quien se cree por lo demás el ombligo del mundo (aparte del mas "ombligero" Revilla de Cantabria) y al que no le conoce ni "dios" en la calle fuera de su pueblo y si no lo publica cierta prensa.
Parece ser que ya está todo olvidado Pedro, y que solo bastan buenas intenciones en el que obtiene el poder para que surja la LUZ.
El poder trasfigura.
Me imagino a Pachi en la cama hablando con su mujer, "cariño ahora voy a ser bueno, seré el lendakari de todos los vascos, la vida es bella y facil, vas a ver que bien vamos a vivir, nos lo hemos ganado". E incluso haciendole frente al "Gran Lider" si llega el caso, faltaría mas.
Pero no me le imagino pidiendo a su Jefe que aclare el asunto del chivatazo a ETA de policías canallas y serviles, por ejemplo.
Pero tu y yo sabemos que no será verdad lo que expones. Hablas del régimen nacionata de 30 años en las Vascongadas. ¿Y cuanto de régimen sociata llevamos en total en España?, ¿y cuanto de parcial en las diferentes comunidades?. Esto será mas de lo mismo amigo, venga quien venga, hasta que llegue el sabor a hierro.
Y es que yo no creo en el Estado de las Autonomías, simplemente lo sufro, lo sufrimos.
Me has pillado con la vena estoica, no con la cínica, saludos Pedro.
Yo también tengo todos los reparos hacia la figura de Pachi López, y así lo he manifestado en alguna ocasión en mi propia bitácora. Tú mismo has expuesto algunos de los argumentos que nos hacen ponernos en guardia ante el personaje. Pero lo cierto es que, teniendo en cuenta la realidad de los resultados electorales, no había más remedio que aupar a Pachi López a la lehendakaritza si queríamos concebir esperanzas de cambio. No había otra alternativa. A partir de ahora, como he querido dejar claro en mi comentario, y tras un buen discurso de investidura, por sus actos como presidente del Gobierno vasco le conoceremos.
Qué pena, el pobre Patxi ya no tendrá tiempo para sacarse ese inexistente título de ingeniero del que presumía en su currículo oficial. Un ingeniero imaginario, como Luis roldán.
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