El hecho de que la puñetera recesión me tenga atado al sillón del despacho y a poco que esto siga así, al del psiquiatra, no impide que esté más o menos al tanto de lo que ocurre o más bien de lo que se publica. Aunque con cierto retraso. Como tampoco me salva de una cierta sensación de acongojamiento, ante ciertos signos evidentes de hacia dónde vamos. Pónganle su nombre preferido a la miseria. No porca, sino puta.
El caso es que esta tarde mi querida esposa ha tenido a bien proponerme airearme con media ración de escaparates, por ver de comprar algo y así contribuir a solventar una necesidad imprevista de la prole, femenina, como ya sabrán. Ni que decir tiene que he accedido de buen grado y bien provisto de tabaco, que nunca se sabe.
Y también, ni que decir tiene, que si bien podría enrollarme a propósito de la vida y milagros en forma de trazos del movimiento pictórico impresionista y allegados, eso sí, no me pregunten con quien se acostaba Berthe Morisot, soy absolutamente incapaz de describir, ni siquiera con disimulado y falso talento, cualquier vestido que se me ponga por delante. Limitaciones del sexo masculino en todo su esplendor. No el sexo, sino las limitaciones.
De modo, que tras una hora de visionado de esas cosas horribles que se exhiben en los escaparates con el marchamo de moda temporada primavera-verano 2009, mi querida esposa no ha tenido más remedio que rendirse: “Son trapillos, pero no sabría decirte……..”
Contra todo pronóstico, de sobra sabía yo, limitado varón en cuestiones de moda, el contenido de los puntos suspensivos: “Acuérdate de cómo vestían la chicas de los grupos folklóricos del este de Europa, que venían al festival internacional a mediados de los ochenta”, me atreví a decir. El silencio que subsiguió me recordó vivamente la respuesta que recibí cuando le dije que ya era hora de contraer matrimonio.
Desde luego, que hay silencios que equivalen al otorgamiento de un cum laude. De Hayek no se habría oído ni la respiración. Puta miseria.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 9 de Mayo 2009 a las 12:55 AM Archivado en Economía
"El hecho de que la puñetera recesión me tenga atado al sillón del despacho y a poco que esto siga así, al del psiquiatra,"
¿Está seguro que es por la recesión? No, no es una pregunta irónica, va en serio. Lo pregunto porque no entiendo por qué ahora todo es "crisis crisis crisis". Anímese un poco ¿no? No es el fin del mundo, ni es la primera recesión que hemos tenido y tampoco se compara a las gravísimas crisis de la posguerra en España. Un poquito de animo no vendría mal, de parte de los liberales.
Ya sé que hay cosas deprimentes: como que el 70% de los europeos continentales hayan apoyado a Obama para presidir los EEUU -- y ya sabemos lo bueno que somos a la hora de elegir líderes.
Por otra parte: tenemos a Rajoy. Es increíble que Zapatero sólo le lleve unos puntos de ventaja en vez de muchos más.
Ciertamente que hay cosas muy graves en España: Zapatero ha dicho que el PSOE lucha contra la pobreza y sin embargo, todavía estamos esperando una salida a esa guerra particular. Estamos metidos más en la pobreza que nos ha dejado el PSOE.
España camina a ciegas hacia un avispero. La demagogia y las políticas intervencionistas imperan en todos los partidos. A medio plazo se perseguirá no sólo a los que, como en Cataluña, pretenden hablar en español, sino a todos los que no se identifiquen con el régimen que nos quieren imponer; un régimen pseudodemocráticamente totalitario.
Sin embargo cuando esa actuación sectaria sea cotidiana la mayoría de los españoles libres reaccionarán buscando, nuevamente, la libertad y el imperio de la Ley.
Hay que preparar la resistencia.
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