
Montmartre tiene sitios deliciosos. Otros, exigentes, algunos, pintorescos y picarescos, cada vez más, decepcionantes, y caros. Y otros muchos, prescindibles. Y otros, pocos, muy pocos, de obligada visita, para los no atemorizados por la inmensa desvergüenza del Estado: pasado, presente y futuro.
Cuando el siete de abril de este año nos plantábamos mis mujeres y yo ante la primera sepultura de Emile Zola, en el cementerio de Montmartre, no podía imaginar que, un par de meses después, la pura Razón de Estado, nido y antesala de los crímenes más horrendos, volvería a mostrar en todo su esplendor su cara más reconocible: la de la indiferencia. Indiferencia tramitada en el clásico expediente de guardar silencio. Silencio culpable y mil veces culpable.
Muy a vuelapluma y con el único apoyo en la memoria, no tuve por menos que hacernos pasar por el doloroso, liberador y obligado trance de explicar a mis hijas el caso Dreyfus. Y en medio, en el fondo y en la superficie de toda exposición y explicación latía el más primitivo de los instintos: el de conservación. Y su más fiel aliado: el miedo. El mismo que guarda la viña y que más de las veces te invita al suicidio.
Ahora, Pedro J. Ramírez ha lanzado su “yo acuso”. De ello hace unas cuantas horas. Los aludidos y valedores andan escondidos. Supongo que arreciando en la apretura de las gónadas de quienes algo les prometieron, porque algo o mucho tenían que callar. Y luego, repartir. Como siempre.
El miedo hizo posible la Transición y en el miedo tendrá su tumba.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 3 de Junio 2009 a las 12:25 AM Archivado en Especiales
El "Yo acuso" de Zola siempre quedará como ejemplo de la sevicia y mesianía del Estado en un hecho cualquiera.
Concretamente D. Emilio lo escribe en el "caso Dreyfus", ejemplo de injusticia y manipulación por parte de la Administración, del Estado.
Quedó demostrado en aquellas circunstancias que el sistema no tenía razón, como no lo tiene casi nunca a pesar de la teoría politóloga de la bonhomía y la decencia de los servidores estatales.
Quedó clara la corrupción en un hecho puntual.
Y aquí en España, considero que el "yo acuso" debería pender continuamente cual espada de Damocles sobre la cabeza de nuestros dirigentes, pues hay mas corrupción general y generalizada en todos los ámbitos de la vida que en Francia en la época en que se escribe el artículo.
Lo que pasa es que se necesita mucha mas decencia de la que tienen nuestros "servidores" para evitar la acusación. Ejemplos hay para dar y tomar.
"Delenda est estatus". Mas valdría esto y empezar de nuevo a tener que soportar a ignorantes como ZP, la Leire y toda esta patuléa que nos representa.
El artículo siempre estará en vigor pues en vigor siempre estará la miseria moral de nuestros gobernantes. En este sentido recuerdo la publicación del artículo (caso raro por cierto) en toda la prensa nacional en todas las ediciones y el mismo día en tiempos del régimen felipista. Ya nadie se acuerda; por cierto estaba P.J. en el asunto y creo que tenía razón.
Era mas de lo mismo.
¡¡Echemos a ZP (sin "h", Bibiana) de una puta vez!!.
¡¡TO PAL PUEBLO Y MANTENÍOS!!
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