Lo peor que puede ocurrirle a un historiador es que se convierta en un mercenario y acabe escribiendo al dictado de quien le paga. En ese punto, pocas dudas caben que se deja de ser historiador —si es que alguna vez se ha sido— y se pasa a la condición de asalariado al servicio de un determinado amo, quien vendrá a ser usualmente ajeno a toda ética, de ahí que precise pagar ciertos servicios.
Y aún resulta más inaceptable si el sujeto en cuestión se dedica no a glosar mediante la verdad determinadas glorias pasadas de una nación, territorio o personaje, que en mayor o menor medida siempre es posible encontrar algo destacable que ensalzar, sino a distinguir falsamente lo que nunca existió, caso de la Cataluña que aspira a mostrarnos Carod, haciendo uso para ese fin de una apología nada historicista que elimina cuantos aderezos negativos enlodaron la etapa sobre la que se pretende trabajar y sobre la que, he aquí lo más repulsivo, se ha aceptado el jugoso encargo.
Tal es el caso de Paul Preston, un supuesto hispanista que desde el minuto uno de su actividad historiográfica se situó entusiasmado en el bando del Frente Popular y fue incapaz de distanciarse de esa trinchera para tomar la perspectiva necesaria a todo historiador. De ahí que Preston nunca haya considerado las razones que motivaron el alzamiento cívico-militar de julio del 36 en contra de lo que, a partir del 16 de febrero de ese mismo año, con el asalto al poder de la izquierda sin ni siquiera aguardar los resultados de las juntas electorales y completando luego ese asalto con un auténtico pucherazo en la segunda vuelta, se convirtiera en un horror insoportable y es considerado por otros historiadores como una auténtica dictadura sangrienta del Frente Popular en contra de la propia II República.
Para el sectario Preston, que así lo ha escrito en cada uno de sus libros, el gobierno del Frente Popular encarnaba lo único valioso de la España democrática y la sublevación militar, de la que prescinde siempre lo mucho que el pueblo la secundó, fue un golpe de Estado contra la legalidad republicana. Nada más falso, como se encargó de acreditar el propio presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, cuando en sus memorias hizo referencia a esas elecciones de febrero del 36 y las calificó de ilegales. Y lo peor no es que Preston parta en toda su obra de unas ideas tan preconcebidas y ajenas a la verdad histórica, sino que no le importa mentir y adulterar los datos que sean necesarios para llegar a las conclusiones que le interesan. Ricardo de la Cierva, entre otros, ha dedicado numerosas páginas con abundantes documentos irrebatibles a resaltar las falsedades de Preston.
Pues bien, no es de extrañar que alguien de semejante calaña haya sido contratado directamente por uno de los peores enemigos de España, alguien que dice llamarse Carod-Rovira, para que promocione Cataluña —al separatista modo, naturalmente— y lo haga a través de la London School of Economics and Political Science, institución donde Preston se integra y en la que dirige una de sus centros, el Cañada Blanch, más una nueva fundación denominada “Observatori Catalunya Món” (Observatorio Cataluña Mundo), que estará presidida por Preston y que se marcará como principal objetivo la promoción de Cataluña.
Claro que una colaboración de semejante calibre, en la que cualquiera puede deducir la basura que saldrá de ella, les va a suponer a los ciudadanos catalanes un desembolso anual de 200.000 euros. ¿O es que alguien ha llegado a pensar que el mercenario y radical Preston trabajaría de balde? ¡Sectario sí, pero no tonto! En fin, ya vemos que el infame de Carod no cesa en sus delirios ni repara en gastos —con dinero ajeno, claro— para tratar de inculcarles a los demás su particular visión del mundo.
Escrito por Policronio en: 4 de Junio 2009 a las 01:37 PM Archivado en Asuntos nacionalistas | Cataluña | Corrupción
La mejor manera de callar a estos mentirosos es con la palabra, rebatiéndolos con argumentos, como hacen Pío Moa y Stanley Payne.
No caigamos nunca en su juego señores.
Muy buena entrada, enhorabuena.
Pues con este ya van tres hispanistas anglos que se suman al etno-frikismo periférico: Henry Kamen, Ian Gibson y Pablito Presto (y dispuesto). Todo por la pasta. Menos mal que todavía nos quedan H. Thomas, Payne y Elliott, porque si no esto sería un cachondeo.
Una esencial diferencia de actitud entre los historiadores de derecha y los de izquierda, desde los años 60. Los primeros buscaban una reconciliación, exponían los hechos sin ensañamiento y casi siempre en el espíritu de cerrar las heridas. Los de izquierdas, por el contrario, tienen un marcado sesgo revanchista.
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