No sé si será el aburrimiento gris del cielo perennemente gris que revela las neuronas y las hormonas o el ansia de recuperar una anhelada posición dominante del macho, diluida en una sociedad socialdemócrata y falsaria, como la nórdica. Pero el caso es, que el prototipo de pagano de favores sexuales de las delicadísimas niñas tailandesas es el amodorrado ciudadano del norte de Europa.
Pocas veces he disfrutado tanto de un viaje, como en el recientísimo a Tailandia, del que volví hace pocas horas. Tanto desde el punto de vista personal como del profesional y empresarial. Pero como no es cuestión de aburrirles con detalles que no vienen al caso, no tengo por menos que hacer hincapié en un aspecto algo escabroso y para mí sorprendente: el turismo sexual con piel y dientes de leche. La piel, de ellos, europeos del norte, sebosos hasta la asquerosidad. Los dientes de leche, de ellas.
De seguro que hay otras definiciones más científicas, pero me quedo con la mía: dícese de aquel que se practica sin darle importancia al precio del viaje, con tal de echar un polvo con una niña, con cara de niña, maneras públicas de niña y armas de niña, por tres euros, incluido masaje o lo que se tercie. Y por otros pocos euros más, acompañamiento a rezarle a quien se ponga por delante, que hay que fortalecer el espíritu, mientras se blandea la carne.
No sé si será el aburrimiento gris del cielo perennemente gris que revela las neuronas y las hormonas o el ansia de recuperar una anhelada posición dominante del macho, diluida en una sociedad socialdemócrata y falsaria, como la nórdica. Pero el caso es, que el prototipo de pagano de favores sexuales de las delicadísimas niñas tailandesas es el amodorrado ciudadano del norte de Europa.
Yo siempre pensé que los españoles éramos lo más puteros del orbe y es posible que así sea. Pero entre practicar el puterío con personas mayores y lo de estos degenerados hay una diferencia: la que hay entre la dignidad del fracasado que busca un desahogo y un perfecto delincuente.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 18 de Julio 2009 a las 01:12 AM Archivado en Especiales
Por cuestiones laborales, veo muy a menudo el puterío rampante y predominante en nuestra ovejuna sociedad española. Luego critican la hipocresía norteamericana, ¡ja!.
Bueno, al caso y sin ánimo de dármelas de listillo: te recomiendo la lectura de Plataforma de Michel Houellebecq. ¡Anda que no escoció en Francia!. El eje argumental es el turismo sexual (con especial atención al final ficticio y que luego ocurrió y por el que le llovieron palos por todos lados, amén de ser premiado con el odio furibundo musulmán).
Y, si te gusta, y quieres seguir con el mismo autor, sumérgete en La posibilidad de una isla. Brutal retrato y apocalíptico de la sociedad europea (y gran parte de la historia transcurre en nuestro país).
Los gozarás, verás... Un abrazo.
Tomo nota. Creo que ya tengo lectura para este verano.
Es el transfondo de una sociedad no ya inmoral, sino amoral, donde todo vale, donde solo se tiene en cuenta el puto "Estado del Bienestar" de la sociedad rica europea (es decir cualquier empleadillos de "Uropa"), que ha hecho prostituir sus conceptos justos de consecución de logros lógicos, y cambiar estos.
Si en un principio estos conceptos tenían que ver con metas futuras basadas en el esfuerzo pretérito, han pasado a ser derechos adquiridos de una masa sin moral y exigente a través del voto, que "esclaviza" a sus dirigentes, a su vez ávidos de esos votos para perpetuarse en el poder.
El Estado del Bienestar puede que sea el culpable de tanta miseria que estamos padeciendo.
Lleva en activo 60 años, ójala se destruya para que se vayan a la mierda los que auténticamente se la merecen, es decir muchos.
¡¡Empecemos de nuevo!!.
Eso es poco. Tailandia tiene una importante población gay transexual. Sus "lady boys" son algo así como el plato exótico de la oferta sexual en ese país. Lo se por un coleguita surfer que se dió el gustito de visitar tan exótico país y darse de narices con la realidad al encontrarse con que un grupito de chiquillas que brindaban sus favores a los aguerridos deportistas eran varoncitos. Como que no habría oferta sin cierta demanda.
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