25 de Julio 2009

Sobre la memez progresista y las carencias infantiles

Escuela de antaño2.jpg

Como no podía ser de otra forma “enestepaís”, el pirómano pretende ser el más preparado para apagar los fuegos. Y así, un insigne de la progresía patria, la que sistemáticamente viene socavando desde finales de los sesenta nuestro sistema de valores, aprovechando su abrumador dominio en el sistema educativo y medios de comunicación de masas, pretende ser el primero en diagnosticar la enfermedad: “tenemos una dislocación de valores”.

Con un par. Es como si un asesino dijera a la vista de su víctima: tiene el cuello roto por degüello. Sí lo sabrá él. Y ello a propósito de los últimos casos de violaciones de menores a manos de otros menores, que parece ser ha espabilado a la pijiprogresía. Pero no para lo que pudiera parecer: endurecer la Ley del Menor, sino para defenderla con uñas y dientes de los ataques de la caverna, deseosa de látigo, palo y tentetieso.

Hace un par de tardes tuve oportunidad de conversar con un antiguo cliente, recientemente jubilado. Ha sido toda su vida Profesor de Instituto, o sea que por sus manos han pasado, como poco, tres generaciones en edad adolescente. Y me contaba que su última etapa ha sido literalmente un infierno, nada comparado con la época en que lo primero que hacía por las mañanas era repartir leche en polvo, “cosa de las carencias infantiles de antaño”.

Tras un rato de conversación, no tuve por menos que preguntarle por las carencias de los adolescentes actuales, a lo que me contestó sin dudar: “Dicho gráficamente, se observa una flagrante carencia de un par de hostias bien dadas y a tiempo”. Pues eso.


Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 25 de Julio 2009 a las 09:30 PM Archivado en Izquierdismo | personajes

Comentarios

1 | Juan Español Español   27 de Julio 2009 a las 09:31 PM

Efectivamente Carlos j., el pirómano que apaga el fuego eso es, mas, ¿que será cuando no haya nada que arda?.

Os paso un escrito de el gran Arturo Perez Reverte que no tiene desperdicio y que refleja fielmente le quien dependemos.

Se titula, ESA GENTUZA:


"Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos."

Saludos.


Escribe un comentario

AVISO: Le sugerimos que lea nuestras normas de etiqueta antes de comentar.













¿Recordar información personal?






Acerca de...
Contacta con nosotros
Batiusuarios en línea
Cuba sin libertad
Na-PV

Últimos Artículos

Autores



RSS y Atom
subscribe to this feed
Contra la censura
Sé un buen tío: ¡Defiende a Pío!
freeblogger
Cartelbus

Enlaces


Recomendados
Libertad Digital
La Voz Libre
Liberalismo.org
Red Popular Red Popular
elentir.info :: Contando Estrelas
PedroMoya
Blogs HO. La Blogosfera del Ciudadano Activo
Spanish Pundit
Derecho a VIVIR.org

Categorí­as

Últimos Comentarios

Vídeos interesantes

Campañas
Declaración por la lIbertad de expresión
Por la Unidad del Archivo de Salamanca
Agua para todos Asociación Víctimas del Terrorismo

Archivos


Nuestros objetivos
Un mismo corazón
Fundación para la Defensa de la Nación Española
Posición y Blogdirs
Wikio – Top Blogs – Politica
Top Blogs España
PageRank Google
Suscribir con Bloglines
Blogalaxia
BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog
Powered by Movable Type