
Las vanguardias socialistas, agrupadas en sindicatos llamados de clase, han utilizado, tradicionalmente, la huelga general revolucionaria, como instrumento de presión sobre los gobiernos y el capital, con objeto de conseguir ciertas conquistas sociales, que se plasman, generalmente, en un menor número de horas de trabajo y aumentos salariales, aunque sean nominales.
Para el éxito de esas huelgas revolucionarias no han dudado, ni dudan, en utilizar piquetes violentos, con el fin de “convencer” a los compañeros remisos de la bondad de ese instrumento, aunque sea a costa de la libertad individual, que parece que es cosa de diabólicos burgueses.
Pero ello es solo hasta que se alcanza “el paraíso socialista”. Una vez instalados en la dictadura del o sobre el proletariado, encarnada por el Líder Máximo, la huelga general, como instrumento de presión, se convierte automáticamente en una insidia contrarrevolucionaria, patrocinada y alentada por los despreciables agentes de la oligarquía resistente al advenimiento de la nueva sociedad, que crea al hombre nuevo.
Como no podía ser de otra forma, la cuestión tampoco es ajena a la construcción de la Nueva Venezuela: “Ante los intentos y pretensiones de sectores de la oposición venezolana de retrasar el inicio de clases y convocar una huelga general, las patrullas laborales del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tienen la tarea de evitar que la oligarquía nacional le niegue al pueblo el derecho constitucional a la educación.”
Ya sólo falta que se inventen un bolivariano Huguito Stajanov, ejemplo, faro y guía de la nueva clase.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 5 de Septiembre 2009 a las 01:35 PM Archivado en Asuntos sindicales | Hispanoamérica | Izquierdismo
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