
Contra la ley del aborto, lo conseguiremos.
Dentro de una semana, a estas horas, espero que varios centenares de miles de españoles de bien seamos capaces de hacer ver a este gobierno nefasto, que nos ha tocado en desgracia, lo que es evidente, para quien quiera verlo: que el aborto es un delito, no un derecho.
Que la regulación del aborto, que nos propone este gobierno de incapaces de ver más allá de sus propios intereses, es un ataque frontal y canalla al derecho a la vida de los más débiles e indefensos. Tanto desde el punto de vista del Derecho Natural, como desde nuestro derecho positivo, según la interpretación que de aquel derecho ha dejado sentada el tribunal constitucional. Por muchos comités, subcomités y demás zarandajas que se inventen, en orden a justificar lo a todas luces injustificables.
Está claro, como lo estuvo claro frente a la negociación con ETA, casi capítulo único de la primera legislatura negra, que el gobierno va a utilizar su magnífico aparato de propaganda para minusvalorar civilmente a los promotores de la manifestación del 17-O y, por supuesto, a los asistentes.
Buscarán entre los centenares de miles de manifestantes símbolos franquistas o seudofranquistas, de extrema derecha, banderas de dudosa legalidad, etc.. Pretenderán magnificar expresiones políticamente inconvenientes o fuera de tono o lugar, como expresiones del sentir general de los manifestantes, con el fin de intimidar, principalmente, a los políticamente afines, pero que en este, como en otros asuntos, no están dispuestos a comulgar con ruedas de molino. Pero no nos van a amedrentar.
Y sí en el asunto de la negociación con ETA, las multitudinarias manifestaciones contra la misma fueron decisivas para torcer la mano de los que pusieron a la Nación en almoneda, ahora también lo van a ser.
Por ello, para torcer la mano del gobierno y parar esta locura suicida, es fundamental la presencia de todos los que estamos en contra de la nueva ley del aborto, dejando de lado cualquier otra consideración. Juntos lo conseguiremos. Dentro de una semana, todos a Madrid.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 10 de Octubre 2009 a las 07:01 PM Archivado en Especiales
Amigo Carlos, déjame que haga algunas reflexiones críticas al respecto de esta manifestación, justamente de uno que está en contra del aborto hembista (defendido éste tanto por la actual ley como la nueva que nos quieren imponer).
No iré a la manifestación el 17 de Oct. ya que con ello quiero marcar una reflexión al respecto de una de las claves del por qué de la existencia del aborto, no por presente, sino por ausente: el valor de la paternidad. Me explico.
La manifestación está convocada como una guerra entre mujeres, en la cual una parte está a favor de la vida, en tanto que otras quieren destruirla (“Por la vida, la mujer y la maternidad” dice el lema de la misma). Y el diseño mediático de la misma es un fiel reflejo de dicho eslogan: las abortistas han conseguido destruir el valor de la paternidad (por eso está ausente), en tanto que las que luchan por la vida, la ignoran como valor (por eso la ausentan. Pero la guerra del aborto, en tanto en cuanto sólo sea presentada por las propias mujeres como una cosa y guerra entre mujeres, los grandes perdedores serán los hijos.
Las manifestaciones políticas no solamente son un conjunto de personas, son sobre todo un lenguaje político... y en ese lenguaje visual público que es esta manifestación contra el aborto, no está presente la paternidad como valor... y si es así (y así lo veo), quiero aprovechar los foros que participo para dejar constancia de mi reflexión crítica: la maternidad jamás ella sola ganara la lucha contra el aborto, sólo la ganarán las mujeres que pongan de su lado a la paternidad.
No es que me oponga al sentir de quienes van a ella; pero es mi deber ético hacer reflexionar a quienes participen en dicha manifestación, que más que preocuparse de las leyes abortivas que quieren imponernos, hay que fijarse en las causas que generan dichos abortos. Jamás se defenderá la maternidad desde leyes que discriminen la paternidad, y sabemos sobradamente que la ausencia de ésta, es la primera y principal causa del aborto y el paso previo a convertir a las mujeres en meras reproductoras al servicio del estado. Las leyes abortivas que el feminismo está imponiendo a las mujeres, las está convirtiendo en hembras al igual que ya ha convertido a los hombres en meros sementales.
Hembra-semental con respecto al binomio hombre-mujer, es como retroceder en nuestra evolución como especie cientos de miles de años (es decir, llevarnos a un estadio cercano a Atapuerca). Pero siendo ello muy grave, es mucho más grave su paralela consecuencia, la destrucción de la paternidad y maternidad, pues ambas son el origen de nuestra humanidad. Sin paternidad y maternidad no hay un aprendizaje y desarrollo de la afectividad, y es ésta la que nos distingue del resto de las especies, la que nos hace humanos. Sin el aprendizaje de la afectividad nos embrutecemos. No tomar conciencia de ello, nos lleva como especie a un proceso de involución.
...y me preocupa que la mujer no esté siendo consciente de dichas repercusiones. .. incluso las que están en contra del aborto. Si fueran conscientes, defenderían la paternidad, pues la destrucción de ésta la verían como un preámbulo de la posterior destrucción de su maternidad. Esas son las reales causas del aborto.
Con las leyes hembristas del aborto, no solamente nos convertimos en destructores de las vidas de nuestros hijos... también en destructores de nuestra especie.
Por otra parte, los que trabajamos con las ciencias sociales, sabemos que el problema de las leyes en general (en este caso las referidas al aborto), por si mismas sólo tienen una función reforzadora o inhibidora, pero nunca anuladoras de determinados comportamientos sociales. Es decir, si no se lucha contra las reales causas que generan el aborto (en el presente caso la destrucción de la paternidad y la maternidad), tan inutil es una ley proabortiva como antiabortiva.
Pero mi protesta contra la manifestación a realizar el 17 de Oct. no sólo va encaminada a denunciar su sexismo hembrista, al no tener en cuenta en su lema para nada la figura del padre y la paternidad (“Por la vida, la mujer y la maternidad” rezaba su lema), sino porque en la propuesta de la defensa de la vida, si bien hay que estar a favor siempre, no se puede estar de cualquier manera, pues ello podría convertir tanto a esos hijos como a sus madres en vidas indignas.
La mujer que queda embarazada y no quiere abortar, quiere tener a ese hijo y a través de ello expresar su maternidad y a ser posible con el padre u hombre que quiere. No conozco a ninguna mujer que oponiéndose al aborto, ello signifique que desee tener ese hijo para perderlo en vida (como proponen algunos colectivos que estarán presentes en dicha manifestación). Ello no sólo es cruel e indigno para ese hijo y para esa madre, sino que paradógicamente quienes quieren que se defienda la vida de esa manera, refuerzan la destrucción de la maternidad, pues hace a la mujer sentirse al modo de “madres de alquiler” al servicio de extraños, los acuales les arrebatarán sus hijos.
La vida es deseable de ser vivida, no sólo porque se crea, sino porque a futuro se proyecta dignidad sobre ella... y ello raramente es posible si dicha dignidad en paralelo no se proyecta también sobre la mujer, su maternidad y la paternidad que ella eligió para tener ese hijo. Y al respecto de todo ello, lo único que afirmo es que cuando a la paternidad se la despoja de su dignidad y los derechos para ejercerla (como ya lo ha hecho la jurisprudencia feminista en todo occidente), al modo de “efecto dominó”, ello destruye la dignidad de la maternidad, de la mujer y de sus hijos.
...por lo que afirmo, que la manera de luchar contra la barbarie hembrista del aborto, comienza por dignificar la paternidad como valor individual, familiar y social, dotándola de los mismos derechos que tiene la maternidad.
Por tanto, el no tener en cuenta las reflexiones anteriores, bien pudiéramos estar ante la paradoja de que esta manifestación, justamente con ella, podría aun aún más reforzar el comportamiento que denuncia.
Un cordial saludo,
Pablo el herrero
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