
'¿Qué he hecho yo para merecer esto?', se habrá preguntado doña Elena Salgado durante el debate de los Presupuestos Generales del Estado. Por muchos pecados que haya cometido en su vida, resulta abusivo e inmisericorde someter a semejante castigo a la vicepresidenta económica. Y no me refiero a Rajoy, cuya contundencia dialéctica es mínimamente exigible en un jefe de la oposición ante un Gobierno que se empeña en conducirnos al desastre económico, sino a Zapatero. Tras la defenestración de Solbes, el presidente se ha convertido en el verdadero y único Ministro de Economía, con Cándido Méndez como consejero áurico (así nos va), y por tanto debería haber sido él quien defendiera en el Parlamento unas cuentas de su exclusiva cosecha. Pero no es precisamente la valentía política uno de los rasgos característicos de Zapatero, que además ha demostrado en sobradas ocasiones que no le importa dejar cadáveres políticos por el camino. El de la señora Salgado sería uno más de tantísimos: Maragall, Caldera, Sevilla, Solbes...
Además, enfrente ha tenido a un Mariano Rajoy que se crece en sede parlamentaria, y cuya comparecencia ha preparado especialmente para intentar resarcirse de los últimos reveses políticos. Y cabe reconocer que ha desempeñado con brillantez el papel que le corresponde a un líder de la oposición en estos tiempos difíciles: Ha puesto los puntos sobre las íes cuando ha resaltado que la subida de impuestos castigará especialmente a las clases medias, las que precisamente con más virulencia están sufriendo la crisis, y penalizará a quienes son capaces de generar riqueza y empleo. Estos presupuestos, en efecto, alargarán y empeorarán la crisis y crearán todavía más paro. Sencillamente, soberbio. En cambio, doña Elena Salgado ha estado ciertamente patética, aunque, dada su misión de justificar lo injustificable, difícilmente podía dar más de sí. Ni Demóstenes hubiera podido sacar algún provecho dialéctico a la defensa de los que sin duda son los peores Presupuestos Generales de nuestra democracia.
Texto: Pedro Moya, editor de Apuntes en libertad
Escrito por Firmas invitadas en: 23 de Octubre 2009 a las 12:14 PM Archivado en Economía | Firmas invitadas | Gobierno
Elena Salgado, la de la cerviz gacha, la que nunca mira a los ojos, la que da consejos sobre Caja Madrid diciendo que debe recaer el nombramiento del nuevo presidente en alguien que sepa de economía. Y lo dice quien sin tener ni puta idea es ministra de "la cosa".
Aprendiz de todo, maestra de nada, servil hasta lo canallesco por conseguir "cacho", eterna acomplejada que debería solucionar sus propios problemas antes de intentarlo con los de los demás, y que siempre, esté donde esté su cargo de preboste, todo pasa por tomar decisiones de subidas de impuestos y normas limitativas y coercitivas.
Salgado, rica, vete a tu casita anda, y dejanos en paz una temporadita. Tan lista, tan lista y no sabe que nadie la quiere; quizá por eso sea así.
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