
La inclinación de los Gobiernos del PSOE por atropellar derechos y libertades fundamentales es significativamente proverbial en nuestra democracia. Debe ser porque los socialistas, genuinamente estatalistas, intervencionistas y recelosos de la libertad individual, no consideran en realidad que tales derechos sean inalienables de la persona, sino más bien graciosas concesiones del Estado. Y que, por tanto, han de encontrarse al albur de la conveniencia de los Gobiernos, a los que así se les faculta para que den rienda suelta a sus naturales tendencias liberticidas.
El felipismo escribiría una de las páginas más negras de la democracia española (una de tantísimas que ha protagonizado el PSOE a lo largo de nuestra historia) con la aprobación de la llamada 'Ley Corcuera'. También conocida como 'Ley de la patada en la puerta', uno de sus apartados, felizmente derogado por el Tribunal Constitucional, permitía la entrada en los domicilios sin autorización judicial. Pese a que tal precepto constituía un flagrante ataque a la privacidad del individuo, entonces nos intentaban convencer de su benignidad apropiándose de un argumento utilizado hasta la saciedad por la dictadura franquista: Los buenos ciudadanos, es decir, la mayoría de los españoles, no teníamos nada que temer si la policía irrumpía en nuestras casas de forma inesperada e intempestiva. Remedando al mismísimo Camilo Alonso Vega, si los aparatos del Estado violan nuestra intimidad es para protegernos de los delincuentes. Y merecía la pena sacrificar nuestras libertades en aras de una mayor seguridad para nosotros y nuestras familias.

Pues bien, esa es exactamente la justificación empleada por el Ministro Rubalcaba para defender el uso por parte del Gobierno del sistema SITEL, 'software' que, sin la necesaria cobertura legal, permite la intercepción sin límite de todas las telecomunicaciones que tengan lugar en España: Que nos protege y resguarda de los malhechores. Ahora bien, señor Ministro, ¿qué impide que la policía o los servicios secretos, o usted mismo, maestro en esas lides, hagan un uso arbitrario y abusivo del sistema? ¿Que, por ejemplo, se utilicen datos personales e íntimos para chantajear y coaccionar a personas que no han cometido delito alguno? En suma, señor Rubalcaba: ¿Quién nos protege del Gobierno?
SITEL, adquirido, en efecto, por el Ejecutivo de Aznar como instrumento de la lucha contra el terrorismo, fue inmediatamente desechado ante los informes de los Ministerios de Justicia e Interior y del Consejo General del Poder Judicial, que alertaban de la ausencia de garantías jurídicas que implica su uso. Sin embargo, los mismos que hipócritamente se escandalizaban cuando, poco después del 11-S, el Congreso de los Estados Unidos diera luz verde a la 'Patriot Act' de Bush, rescataron el proyecto nada más alcanzaron el poder. Que un Gobierno, sea del color que sea, tenga potestad para entrar en nuestra intimidad, espiarnos y vigilarnos sin el límite de una Ley Orgánica que nos ampare, es un riesgo para nuestras libertades inaceptable en un Estado de Derecho. Pero especialmente con el perverso Rubalcaba al frente del Ministerio del Interior.
Texto: Pedro Moya, editor de Apuntes en libertad
Escrito por Firmas invitadas en: 5 de Noviembre 2009 a las 07:22 PM Archivado en Asuntos legales | Firmas invitadas | Gobierno | Izquierdismo
Acabo de escribir esto en el blog 'La Libertad y la Ley'. Con vuestro permiso, me copypasteo, pues me parece necesario dar la mayor divulgación posible a esta nueva tropelía contra uno de sus derechos más fundamentales de los ciudadanos: la privacidad.
Me parece inaceptable que el gobierno pueda obtener la relación sistemática -porque SITEL tiene constancia de todas y cada una de las comunicaciones telefónicas e informáticas que se efectúan en este país- de las llamadas que hago, los SMS y mails que envío, a quién, deducir quiénes son mis amigos, pareja, amante y clientes, qué webs visito, qué compro, qué operaciones de banca electrónica hago, investigar cuáles son mis hábitos y preferencias y hasta por dónde me he movido el último año, porque a SITEL le basta con que tenga el móvil encendido para conocer mi posición geográfica en tiempo real.
A los fenómenos que nos gobiernan se les ha ocurrido que sólo la conversación en sí está amparada por el derecho al secreto de las comunicaciones. Es decir, la Policía, la Guardia Civil y el CNI pueden tener acceso, si lo desean, a todos esos datos asociados a la comunicación sin necesidad de autorización judicial, y mantenerlos por no sé cuánto tiempo en unos servidores que no se sabe muy bien dónde están y que nadie más que ellos, ni siquiera jueces y fiscales, controlan en todos los trámites y fases del proceso de interceptación.
La cuestión es muy simple: Si nadie aceptaría jamás que el estado le pusiera un policía siguiéndole todo el día, ¿por qué vamos a consentir en la realidad virtual una vigilancia que no aceptaríamos de ninguna manera en el plano físico?
Dejo aquí y aquí otro par de enlaces por si a alguien interesara conocer más en profundidad las dudas jurídicas y técnicas que plantea el uso de SITEL. En la web de la Asociación de Internautas hay también abundante material sobre el tema. Y en este último enlace podrán comprobar la cada vez más estrecha diferencia que en materia de control social nos separa de la dictadura mejor organizada del mundo: China.
Rubalcaba nos escucha; el vídeo.
http://www.youtube.com/watch?v=veF7SNityc4&feature=PlayList&p=7A8D2835E8CA7889
Ya tenemos aquí las telepantallas, como en la desasosegadora novela de Orwell, sólo falta que el Estado nos obligue a tener siempre encendido el ordenador y conectada la güebcam y el micrófono... Nunca se sabe quién puede ser un crimental.
Dirán que es por nuestro bien pero, después de años de experiencia durante la primera etapa socialista, más la adquirida en su breve estancia en la oposición y la aumentada en esta nueva etapa de Nuevo Orden, más parece que lo hicieran por el suyo. ¿Cómo, si no, inútiles como Pepe Blanco han llegado a donde están? Apuesto que a costa de extorsión, chantaje y amenazas aún a los suyos. No es Rubalcaba el único mafioso que emplea esas técnicas. Y como, por desgracia, todo politicastro tiene mucho que esconder, pues ¡venga!: a espiar, a vigilar y a jugar sucio buceando en las vidas de los demás, que algo encontrarán.
Pero ¿a los ciudadanos? ¿Qué, que no? Yo no las tengo todas conmigo, sin tener nada que ocultar. O sí, a lo mejor soy un execrable crimental de esos.
Para cuestionarse la Fiesta nacional, estos sociatas son auténticos monosabios, aunque lo que pinchan sea otra cosa. Si bien tienen más de monos que de lo otro, que brilla por su ausencia.
¡A comer plátanos, ea!
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