Se imagina alguien la turbamulta despendolada que organizarían los cejateros de la imagen si una pareja de cristianos, por ejemplo, le diese una paliza a cualquiera de esas mujeres empeñadas en entrar de visita turística a las iglesias, a menudo en plena misa, y encima pretenden hacerlo con poco más que unas bragas y un sujetador.
Sospecha alguno qué reacción cabría atribuirles a ese sedicente 10% de homosexuales o zerolados si fuese uno de ellos, hombre o mujer, el apalizado a la puerta de un local donde no quieren verlo ni en pintura porque no ofrece la imagen que esperan de sus clientes y espanta al resto. ¿Quién no ha oído decir alguna vez: “Vámonos a otro sitio, esto está lleno de maricas”?
Cree alguien que se hubiera producido igualmente la incontinencia verbal, a veces algo más que verbal, de las aguerridas feminazis si la ingresada con lesiones en un hospital hubiera sido una de ellas y como consecuencia de una agresión, siempre inadmisible, a cargo de dos personas de sexo bien definido.

Bien, pues lo cierto es que ninguno de los tres colectivos mencionados ha dicho esta boca es mía ante lo que supone una muestra más de la vileza que encierra la peor lacra de nuestro tiempo: el islam, una religión —por decir algo— que mantiene aherrojadas a más de 1.500 millones de personas, sobre las que ejerce cuanta brutalidad haga falta para conservarlas sumisas no a la voluntad de Dios, sino a la de sus inicuos “representantes” terrenales: Esos miles y miles de imanes que no son algo distinto a liberados sindicales del islam en actitud permanente de jefes de piquetes informativos. O sea, cabecillas violentos.

Esta visto que nos hallamos ante un problema de penuria de glándulas. Vamos, de esas que les harían falta a los cejateros, a los invertidos de ambos sexos y a las feministoides liberatrices ante determinadas situaciones que requieren algún coraje que sea desinteresado. Para ellos, bufones todos de un circo de tres pistas, el velo islámico no deja de ser un aderezo perfectamente exigible a hostia limpia y su correspondiente secuela de lesiones. O quizá es que el velo moruno, tan representativo de esa “alianza de civilizaciones” que ellos mismos fomentan, pretenden que los demás lo aceptemos como lo más fashion. Eso sí, mientras tanto no dudan en promover la eliminación de los crucifijos.
Pulsa en cualquiera de las cejas y verás un escaparate de velos. Escoge uno de ellos, es el futuro irremediable que te aguarda.
Texto: El Corregidor
Escrito por Firmas invitadas en: 8 de Noviembre 2009 a las 09:03 AM Archivado en Firmas invitadas | Islamismo | Paradojas progresís
De acuerdo con el artículo, sobre todo con la última línea. Lo único que quiero rectificar es la cifra relativa al porcentaje de homosexuales en la población. La cifra del 10% de homosexuales acuñada por Kinsey es falsa. La cifra que más se acerca a la realidad es, probablemente, del orden del 3%. Véase este resumen de las conclusiones de 25 estudios internacionales: http://www.absurdistan.eu/cm_armario.htm
Ánimo Javier, paséate por aquí de vez en cuando (y por el resto de los blogs de red liberal), que tenemos mucha información ocultada por el hembrismo ibérico que hemos de ir sacando a la luz.
Uno de nuestros frentes, sin lugar a dudas, es el de desenmascarar a los movimientos gays como brazos armados contra el varón creados por el movimiento feminista. ¡Y mira que tú sabes que yo soy un claro defensor de la homosexualidad reactiva de los varones!
Un cordial saludo,
Pablo el herrero
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