5 de Enero 2010

Sobre el tiempo

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A propósito de lo sucedido a finales del mes de diciembre pasado en las comarcas del Campo de Calatrava y Montiel, en la provincia de Ciudad-Real, vengo comentando con los cercanos el pesado silencio que mantienen al respecto la Confederación Hidrográfica del Guadiana y los diversos movimientos ecologistas que nos contemplan. El más importante, sin duda alguna, ecologistas en acción. Digo yo que será la mala conciencia, por sentirse responsables de lo sucedido. Estos últimos por “acción” y aquella, por omisión.

Y como siempre, echando mano, más de la casuística que de los argumentos, ha sido otra vez el inefable Ruiz Elvira, el primero en levantar su tronante voz, para echar la culpa a “nuestro modo de vida” del acaecimiento de los últimos fenómenos atmosféricos, que el tacha de indicadores de la existencia de un indudable cambio climático, que nadie en su sano juicio puede atreverse a negar, pues el clima está en cambio permanente.


Otra cosa son sus causas y sí la actividad humana tiene algo que ver con ello, cuestión que está en discusión, donde los científicos que niegan el origen antropogénico de aquel, están en franca desventaja, en lo que se refiere a las facilidades divulgativas de sus teorías, como corresponde a los que se les ha asignado, ab initio, la condición de “herejes”.

No es cuestión de desgranar afirmación por afirmación, de las que se permite manifestar el calentólogo de guardia. Sólo un apunte al respecto: confunde la cantidad de precipitación con la magnitud de las inundaciones que ello pudiera provocar. Craso error. Una gota de agua en una superficie plana e impermeable es capaz de producir una gran inundación. Cien litros de agua bien encauzados es uno de esos espectáculos inofensivos que la naturaleza nos ofrece de vez en cuando.


Y como el referido señor nos propone movernos en el terreno de la casuística y como resulta que de ciertas mediciones oficiales me fío menos que del prospecto del último crecepelo ofertado por el último de los grandes charlatanes y ya no digamos de las de aquellas instituciones empeñadas en que el fin del mundo está cerca, a no ser que nos vayamos, directamente, a vivir a una cueva, previo abono de la subvención pertinente, me voy a permitir recordarle al Sr. Ruiz Elvira algunos de esos fenómenos atmosféricos extraños y extemporáneos, que me ha tocado padecer o de los que he tenido conocimiento directo y de los que más de un lector tendrá noticia.

Julio de 1977. El mes terminó con un frío “anormal”, tanto, que cuando fuimos a ver las secuelas del incendio que se produjo en la estación de RENFE, en Ciudad-Real, íbamos con jersey.

Julio de 1979. Lluvias torrenciales en Valdepeñas, que provocaron importantes inundaciones. No fueron las primeras ni las más importantes de la provincia, como luego veremos.

Junio de 1981. Una ola de calor de las que hacen época. Por aquellas fechas todavía se hablaba de enfriamiento global. En Cerro Muriano se suspendió más de una “instrucción” por su causa.

Julio de 1982. El día 7, concretamente. Cayó una granizada en Ciudad-Real, que en la madrugada del día 8 todavía había restos de la misma en la Plaza del Pilar.

Mayo de 1987. El día 4 el termómetro bajó en la provincia de Ciudad-Real a los tres grados bajo cero.

Diciembre de 1987. A mediados. Llovió más que ahora. Lo recuerdo perfectamente, por cuanto el día 12 del mismo mes, contraje matrimonio y el antes y el después fueron pasados por agua.

Diciembre de 1994. La madrugada del 16 me pilló fumando en la terraza de mi casa, con un simple jersey.

Noviembre de 1995. El día 12 comenzó a llover y no paró hasta abril del año siguiente, que Aznar comenzó su primera legislatura al frente del gobierno.

Y no sigo más porque me agoto.

Eso sí, en lo que se refiere a la pretendida novedad de las abundantes precipitaciones y las, algunas veces, consiguientes inundaciones, no tengo por menos que remitirme al estudio histórico que, de las mismas, referidas a la provincia de Ciudad-Real, ha confeccionado Don Manuel Trujillo López Mellado. Aquí un breve resumen y aquí la reseña oficial del mencionado estudio.

O sea, Don Antonio, que en lo que se refiere al tema que nos ocupa, no hay novedad.

Otra cosa es que a los vendedores de paraguas les gustaría que, llegado el veintiuno de septiembre comenzara a llover a tinajas, en perjuicio de los propietarios de bares, cafeterías, mesones y restaurantes con terraza en la santa calle, a los cuales les gustaría que el calorcito y el buen tiempo se alargara hasta bien entrado el mes de octubre, por ver de recuperar lo invertido. Sobre todo, el canon municipal de ocupación de la vía pública, que encarece las cañas de cerveza en un cien por cien.

Que a los agricultores de la rama del cereal les gustaría que nada más acabar de sembrar, a primeros de noviembre, cayera durante una semana, a lo más, una lluvia fina y persistente que facilitara una buena nacencia, en detrimento de los vendedores de abrigos y otros ropajes de invierno, gustosos de que las primeras heladas de la temporada coincidan con los Santos y siguientes.

Que a los olivareros no hay nada que más les disguste que los fríos exagerados, cuando vienen a destiempo, del mes de diciembre, clamando contra todo lo vivo, cuando tienen que recoger la aceituna en el mes de enero entre heladas y escarchones. Precisamente, lo que más gusta al sector del cereal que, una vez nacida la siembra, echan rogativas a la patrona de las heladas, por ver que la plantación eche buena raíz.

Que a los del sector hostelero les gustaría que todos los puentes y fiestas de guardar, ya sea en carnavales en febrero, Semana Santa en marzo, el Pilar en octubre, los Santos en noviembre y la purísima constitución en diciembre, estuvieran adornados de calorcito playero, aunque no toque.


De modo Don Antonio, que como es imposible contentar a todos y que lo verdaderamente extraño es que un año sea, climatológicamente hablando, igual a otro, olvídese del pobre CO2 y recuerde ese refrán que dice que nunca llueve a gusto de todos.


Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 5 de Enero 2010 a las 06:28 PM Archivado en Catrastofismo climático, ecologistas

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