
Los periodistas de izquierdas, los nacionalistas y los apesebrados son capaces de asegurar sin soltarse el pelo que el debate de ayer lo ganó Durán i Lleida, cuya paradójica propuesta fue impulsar un pacto de Estado sin creer ni ‘mijita’ en el Estado, que viene a ser como si un fulano se encomendara a Dios desde el más absoluto de los ateísmos; eso sí, hay quien lo hace con una resignación envidiable y a condición de recibir en su propio templo autonómico, único que reconoce, unas cuantas raciones del más jugoso maná, sobre cuyo origen no se molestará en preguntarse si es o no divino. Vamos, procedente de ese Estado que detesta.
Y eso es así, me refiero a la chocante postura de esta casta de paniaguados de la información que padecemos, con tal de no adjudicarle la victoria dialéctica a Mariano Rajoy, un político del que no me gusta casi nada de lo que dice o hace, pero al que debe reconocérsele que aún dispone de ese sentido de la realidad (en lo económico) que Zapatero, visto su rumbo de colisión, jamás ha alcanzado ni alcanzará en cualquier faceta de la vida pública. Faceta en la que si se incluye algún aspecto moral, entonces la colisión puede darse por garantizada.
Tiene guasa que luego hablemos de la clase política, a la que de entrada se le reconoce lo muy desastrosa que es para la Nación española, ¡pues anda que la clase periodística, tan cooperadora necesaria del régimen esperpéntico que vivimos! Definitivamente no es el deseo de informar con solvencia o neutralidad lo que mueve a una buena parte de los periodistas españoles, sino su instinto de alcanzar la ración de pienso diaria o su afán de hacer méritos ante un determinado partido político por si suena la flauta y se le incluye en las listas electorales, lo que equivaldría a alcanzar un puesto bien remunerado y casi de por vida, incluida la pensión.
Pero si hay un diario que riza el rizo del absurdo a la hora de valorar el debate de ayer, permitiéndose incluso realzar su postura mediante todo un elenco de columnistas, este no es otro que el pesebre de lujo en el que se ha convertido La Vanguardia, un medio que sobrevive gracias a las opulentas subvenciones que recibe de la Generalidad catalana (donde además, respecto a la prensa, se mira para otro lado en el tema del idioma ‘propio’, tan impuesto por doquier). Pues bien, de esa ganadería de columnistas del diario de Godó surgen hoy 6 cabestros 6, cuyos artículos, supuestamente argumentados (juraría que ninguno de ellos ha visto el debate), resumen de este modo la puntuación de lo que ocurrió en el Congreso: Zapero 3.8, Rajoy 3.6 y Durán 6.6. ¡Madre del amor hermoso!
Pero si hay alguien que destaca de entre esa media docena de mercenarios, cuya honradez profesional anda en proporción inversa a su alto grado de sectarismo o al mucho interés en escribir para agradarle al que paga, no es otra que Pilar Rahola, que o bien utiliza el cachondeo más acentuado a la hora de puntuar el debate (cachondeo que no es posible adjudicarle a una señora que se toma a sí misma tan en serio) o, simplemente, su nacionalismo estropajoso y su deseo de complacer a quien ya ve de nuevo en el poder (CiU) le impiden contemplar un palmo más allá de sus pies. Tomen nota los que aún conserven alguna esperanza de que Rahola se redima al margen de su postura en el conflicto de Oriente Medio. He aquí su puntuación: Zapatero 0, Rajoy 0, Durán 8.
Creo que está todo dicho, el periodismo se encuentra cada vez más estabulado en lo ideológico o en lo crematístico, dos ‘cualidades’ que se dan de bruces contra cualquier síntoma de profesionalidad y que convierten en sayones a cuantos ejercen de tal modo, reforzando, de paso, a los rompepatrias y a los manirrotos, circunstancias ambas que confluyen al mismo tiempo en Zapatero. Al ritmo que vamos, es evidente que la imagen de cabecera representará algún día a toda una promoción de periodistas.
Escrito por Policronio en: 18 de Febrero 2010 a las 12:45 PM Archivado en Artículos de fondo | Cuestiones periodísticas | Hitos | Propaganda | Valores
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