
Muchos de los subyugados por la pseudociencia calentóloga hicieron sus primeros pinitos en la lucha contra la instalación en Cabañeros, primero, y en Anchuras, después, de un campo de tiro para el ejército del aire. La única causa ecologista, que recuerde, por la que mereció la pena partirse el pecho o lo que fuera.
Pero ello también dio la medida de lo que dan de sí los sandíos, cuando se ven en el monte, lejos de las comodidades que les presta la civilización que dicen detestar hasta la nausea.
Todavía se recuerda en los pueblos afectados por el sinsentido socialista, como los ecologistas de la “capital”, en acampada solidaria de fin de semana, no distinguían una cabra de una oveja, como se asustaban ante el levante del vuelo de una inofensiva perdiz y lo sorprendidos que se mostraban ante la laboriosidad y crueldad, a la par, de las pobres hormigas, molestadas en su devenir diario por unos desconocidos, empeñados en joderles la marrana.
Todo ello me lo ha recordado la lectura de esto.
Qué pena que las cosas no sean como en Heidi.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 21 de Febrero 2010 a las 12:15 AM Archivado en Catrastofismo climático, ecologistas
Esta web sobre el tema es muy interesante:
http://climate.nasa.gov/
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