
Parece que fue ayer, cuando Martín Prieto y Jiménez Losantos se batían el cobre dialéctico en los informativos nocturnos de la Telecinco postmamachichos. Losantos lucía liberal, franquista redomado para muchos segundones falangistas, agarrados a la teta, ya escasa, del Estado y Martín Prieto de socialista honrado y descreído, lo suyo, con la que estaba cayendo, sin que el primer Rub-Alkaaba, educación pública jodida por los siglos de los siglos mediante, se enterara de la misa la mitad.
Sólo han bastado quince años, para hacer imposibles aquellos minidebates, donde los chuloputas del GAL, la malversación y toda otra forma de corrupción pública, elevada por los primeros sociolistos hispanos a la categoría de arte, eran protagonistas reiterados.
Desde luego, no lo es por haberse superado el temario. Ser socialista y gobernante, o aspirante a serlo, imprime carácter, como el sacerdocio o la inspección de hacienda, es que los discutidores citados reculan en el mismo bando, que no es otro que La Caverna, ese lugar imaginario, donde son sabiamente colocados todos aquellos que se atreven a decirle a toda esta bazofia dirigente, exactamente lo que son: unos vulgares, y sin grandeza, imitadores de los nazi-stalinistas.
No sé, ni me importa, que dirá la ministra señorita pepis, impulsora de la infamia, cuando lea esto que escribe Martín Prieto. Si es que sabe leer o si es que se atreve. Lo que sí sé es que, definitivamente, el escribidor se ha ganado a pulso el calificativo de derecha extrema. Bienvenido al club.
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 21 de Marzo 2010 a las 01:25 PM Archivado en Cuestiones periodísticas | Izquierdismo | Personajes
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