No sé si la última hazaña zapaterina viene cargada de segundas y lucrativas intenciones. Lucrativas, para sus amigos, claro. Lo mismo ha perpetrado la gran putada, para el común de los mortales, sin haber caído en la cuenta que los primeros beneficiados de la prohibición de fumar, en cualquier lugar cerrado, abierto al público, van a ser los propietarios de los derechos del fútbol, todos ellos, amigos ricos y de izquierdas, valga la redundancia, que ricos de derechas ya van quedando pocos.
Por mi parte, tengo muy claro que soy incapaz de ver un partido de fútbol en el bar de abajo, sin tomarme una caña o una copa, según la hora. Y como yo, una amplia mayoría de los parroquianos, conmilitones del sillón boll. Y no hay mejor acompañamiento para ello, que un cigarrito: negro con la cerveza y rubio con la copa.
Todo ello se ha acabado. A no ser que, nos hagamos holligans de la cerveza sin alcohol, las bebidas isotónicas, o el zumo de limón, para acompañar las diabluras de Messi y compañía. Que va a ser que no, porque uno ya está muy mayor, para cambiar radicalmente de costumbres, o sea, de placeres.
La alternativa está clara, claro: pasar por caja de Roures o Cebrián, que es algo así como pagar rescate a los secuestradores. Sirve para pasar el trago, al precio de alimentar a la fiera.
Pero mucho me temo que no todos mis conmilitones en el placer piensan lo mismo y acabarán sucumbiendo ante la ventanilla de los amigos del gobierno que, al fin y a la postre, es en lo que andan pensando los freddy boys.
No sé por qué tiendo a pensar, últimamente, que si me dieran a elegir entre adorar a Al Capone o a Rub-Alkaba, adoraría al primero.
Imagen: paisdelocos.com
Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 2 de Enero 2011 a las 10:37 AM Archivado en Corrupción | Especiales | Izquierdismo | Personajes
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