15 de Mayo 2011

La suprema gilipollez

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Lo que se dice, el franquismo, de cuando vivía Franco, a mí no me jodió la vida, como al muy señor padre de Chaves, Manolo Chaves, o al menos no fui consciente de ello, aunque me largaran de un colegio de curas, a los que, por cierto, siempre estaré eternamente agradecido, aunque sólo fuera porque me dejaron definitivamente en paz. Tómenselo como apetezcan.

Otra cosa eran las cotillas, versión casposa y troglodita de la muy actualísima pandilla de vigilantes de lo políticamente correcto, auspiciada, entre nosotros, por la miliciana Leyre Pajín, empeñada ahora, así, de pronto, y por cojones, en matar a los viejos improductivos y gastosos, y, de paso, prohibir los chistes de maricones, con amenaza de más cárcel que para de Juana Chaos o el mismo Troitiño.

No obstante, esto viene de antiguo.

Primeros de enero del ochenta y uno, San Juan de Puerto Rico, previamente aleccionados de cómo referirse uno al negro de turno, de los muchos que nos íbamos a encontrar en nuestro periplo: moreno. Lo de subsahariano fue después, ya en plan provinciano.

Fiesta popular. Timbales, tumbadoras, bongós y demás instrumentos de percusión, importados y reciclados por los descendientes de los esclavos negros que fueron a dar con sus huesos en la Perla del Caribe. La que bien vale una guerra o dos contra los UUSSA.

Fiesta bien regada con ron, cola y bollos, de ambos tipos. Y una nena que trata de identificar al de la tumbadora, pero no acierta con el instrumento. Dudas y más dudas. Y cuando acierta a decir “el cuarto por la izquierda”, un “borincua” próximo no tiene más que decir: “Coño, el negro”. El referido “borincua” era hermano de doble vínculo del negro, más negros que el carbón, el uno y el otro.

Pero como ahora resulta que si un negro te da una patada en la espinilla, no te queda otra que aplicarle un beso en los morros, so pena de ser degollado por la mesnada progresí, aquí tenemos al pobre Bussy en trance de ser vapuleado, también, por la sociedad protectora de animales. Y es que a un capullo como Marcelo, no se le puede decir mono, en detrimento de los derechos de los muy honorables primates.

Escrito por Carlos J. Muñoz de Morales en: 15 de Mayo 2011 a las 11:39 AM Archivado en Arbitrariedades manifiestas | Cachondeo | Especiales | Personajes

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