
Una de las imágenes de la semana tal vez haya sido la peculiar actuación de Sánchez Gordillo, aprovechando la ocasión de jurar su cargo en el Parlamento de Andalucía para lanzar una soflama, ante el lógico choteo del personal, fuera de tono, tiempo y lugar. Sin sentir la más mínima simpatía por nada de lo expuesto por tan singular personaje y considerando que su proceder más parece ajustarse a los cánones de comportamiento de un ultra de cualquier equipo de fútbol que a los de un parlamentario, me gustaría, no obstante, romper una lanza a favor de Sánchez Gordillo.
Este tío, adalid de la subversión, no engaña a nadie. Por convicción, por pose, por estrategia, por honestidad o por lo que sea no hace de su pensamiento ningún secreto: tiene sus ideas y es coherente tanto en el fondo como en las formas con las mismas, aseveración la anterior que no puede ser aplicada a otros cuyo ideario no difiere en gran medida del propugnado por Sánchez Gordillo.
Esto es fenomenal, porque así todos y cada uno de los votantes que se hayan decantado por apoyar a Sánchez Gordillo –y quienes no lo hayan hecho también– saben perfectamente a qué atenerse, sin que valga alegar desconocimiento: están defendiendo, ni más ni menos, que el fin de la democracia y la instauración de un régimen como, en el mejor de los casos, el de los tiranillos Chávez o Morales. Está claro que de nostálgicos insensatos está el mundo lleno.
Escrito por Rafael Guerra Sandá en: 22 de Abril 2012 a las 05:21 PM Archivado en Andalucía | Izquierdismo | Personajes | Regímenes populistas
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